Crítica del concierto del Cuarteto Zagreb

Teatro Jovellanos, 7 de septiembre de 2020

Por Mar Norlander

Crítica del Concierto de la Filarmónica Gijonesa.

 

Bajo estrictos protocolos impuestos por el Teatro Jovellanos para evitar la pesadilla de pandemia que nos ha caído encima, arrancó la esperada temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón con novedades y con muchas ganas de traer de nuevo la música de cámara a la ciudad. Como novedad, además de una amplia programación de  quince conciertos, sustituye el programa de mano y las notas al programa en formato papel por una presentación oral y una mini conferencia en el intermedio, en esta ocasión a cargo de la doctora en musicología Andrea García Alcantarilla. Un formato original del gusto de la mayor parte del público que ha venido para quedarse. 

 

El Cuarteto Zagreb inaugura la temporada con dos emblemáticas obras,  el Cuarteto Nº 12, Op. 127 de Beethoven y el Nº 1 de Chaikovski, dos obras que abarcan contrastantes técnicas compositivas, mostrando así la solvencia de la formación croata que ha cumplido 100 años desde su formación y se ha convertido en uno de los cuartetos más reclamados por todo el mundo.

 

Nos recordaba  Andrea García que el estreno del cuarteto de Beethoven supuso un shock para el público de la época y fue un fracaso de público y crítica, por la complejidad armónica y por la mala ejecución de los instrumentistas. No fue el caso de esta velada. Ya en pleno siglo XXI, con los oídos más evolucionados y entrenados en armonías y texturas más complejas, pudimos disfrutar de una magnífica ejecución de los croatas, destacando el segundo movimiento por la belleza y sutileza de sus variaciones con profusos cambios de dinámica. El cuarteto respiraba milimétricamente al compás para ofrecer esta original obra, jugando con el scherzo y terminando en un auténtico clímax de la coda en el cuarto movimiento.

 

Después de las explicaciones detalladas y didácticas de la musicóloga Andrea García volvió el Cuarteto Zagreb para interpretar el Nº 1 de Tchaikovsky, una obra de composición temprana escrita en apenas seis semanas, que supone la primera partitura del compositor en este formato y creada con intención de hacer dinero. Sin embargo, se erige como uno de los cuartetos más representativos del periodo romántico ruso, demostrando así el extraordinario oficio del compositor y su capacidad inventiva. Lo demuestra principalmente con el segundo movimiento que gira en torno a una canción folclórica ucraniana ¡Qué bonita, qué espléndido entramado  y qué gran interpretación! La obra terminó con un magnífico Finale que levantó una gran ovación. Los sonados aplausos dieron paso a una propina en la que el Cuarteto Zagreb nos deleitó con una bellísima pieza de Haydn. 

 

Ya terminado el concierto y un poco precipitado el encendido de luces(aún estábamos en pleno apogeo de aplausos), nos dirigimos a la salida de manera excesivamente ordenada, con indicaciones de quién se podía levantar de su butaca y en qué momento. En mi opinión, un protocolo excesivo tratándose de gente adulta cuyo máximo interés es escuchar buena música y cuidar su propia salud. Por ello hemos llegado a cumplir años. 

 

Por lo demás, una magnífica velada que abre la puerta a que todo vuelva a la normalidad, o por lo menos a que se pueda convivir con este maldito virus. Hay que agradecer el esfuerzo de la Sociedad Filarmónica que, lejos de quedarse al margen esperando que todo esto pase, se ha puesto ha trabajar con ímpetu para seguir creciendo y haciendo una labor cultural que la ciudad de Gijón necesita. 

 

 

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