Crítica del concierto del Trío Wanderer y los cuartetos de Schubert

Teatro Jovellanos, 20 de marzo de 2019

Por Ramón Avello

Crónica del Concierto de la Filarmónica Gijonesa.

El Trío Wanderer ofreció un ramillete de excelentes obras de Schubert para la Filarmónica en el Teatro Jovellanos

Uno de los términos que más se asocia con Schubert y que mejor califica el espíritu de su música es la palabra alemana ‘wanderer’, que significa viajero, errante, vagabundo. En homenaje al compositor vienés, el trío francés formado en 1987 por el violinista Jean-Marc Phillips-Varjabédian, el violonchelista Raphaël Pidoux y el pianista Vincen Coq se llamó el Trío Wanderer, hoy un conjunto de referencia absoluta en la música de cámara, tanto por sus grabaciones discográficas, en las que figuran los tríos de Schubert para ‘Harmonía Mundi’, como por sus recitales. Ayer, en un concierto organizado por la Sociedad Filarmónica de Gijón en colaboración con el Aula de Cultura de EL COMERCIO y la Fundación Alvargonzález, este conjunto interpretó en el Teatro Jovellanos los dos grandes tríos de Schubert: el ‘Trío número 1 en si bemol mayor’, op. 99 y el ‘Trío número 2, en mi bemol mayor’, op. 100.

La obra de madurez de Schubert, especialmente la escrita en los dos últimos años de su corta vida -murió a los veintinueve años- es como un paisaje diverso con diferentes atmósferas y muchos personajes, pero con un fondo emocional común. Esa riqueza afectiva es la que sabido transmitir el Trío Wanderer en versiones tensas, poéticas y emotivas. La primera cualidad es el sentido del diálogo a tres, diálogos contínuos y entre tres sonoridades de igual importancia. El tiempo lo llevan con mucha fluidez, con pausas y con tendencia a retrasar, pero nunca se hace pesado, sino íntimo. En cuanto a las dinámicas, es un trío de sutilezas a veces demasiado contenidas (demasiada finura), especialmente en la primera parte, el ‘Trío en si bemol’. En la segunda parte la versión tuvo mayor relieve dinámico.

Los dos tríos son muy próximos en el tiempo y poseen similar estructura en cuatro movimientos. Schumann, uno de los primeros admiradores de estos tríos, comentó que el primero era lírico y estático, mientras que el segundo poseía mayor tensión y dramatismo. Es una apreciación relativa. Lo que sí resulta indudable es la asociación de algunos de estos movimientos, con el mundo de la canción en Schubert, especialmente con ‘El viaje de invierno’ en el segundo trío. Lo más relevante fue el segundo movimiento andante con moto del ‘Trío en mi bemol’, en el que por desgracia sonaron dos móviles, y la propina final: ‘El adaggio’ o ‘Nocturno para trío’ compuesto por Schubert un mes antes de su muerte, sin duda la propina más hermosa que hemos escuchado en mucho tiempo.