Crítica del concierto de Ibera Auri, ganadores del VII Concurso Internacional de Música Antigua de Gijón

Teatro Jovellanos, 27 de febrero de 2019

Por Ramón Avello

Crónica del Concierto de la Filarmónica Gijonesa.

Ibera Auri ofreció ayer un aplaudido recital en el Jovellanos para la Filarmónica Gijonesa

El pasado verano, Ibera Auri obtuvo el Premio del Público y el Premio del Jurado, ex aequo con Vox Tremula, del VII Concurso Internacional de Música Antigua de Gijón. Ayer, invitado por la Sociedad Filarmónica de Gijón, este joven grupo de cantantes e instrumentistas ofreció en el Teatro Jovellanos un recital de música del renacimiento y el barroco. El concierto se encuadra dentro del ciclo de jóvenes intérpretes, copatrocinado por la Fundación Alvargonzález y la Sociedad Filarmónica, y cuenta con la colaboración del Aula de Cultura de El COMERCIO.

Tal como explicaron los intérpretes, el título del concierto, ‘El balcón de Marizápalos’, hace referencia al balcón que Felipe IV mandó construir en la Plaza Mayor de Madrid, donde se celebraban espectáculos teatrales, para su amante, la actriz María Inés Calderón, conocida también como la ‘Calderona’ y ‘Marizápalos’, hija adoptiva del dramaturgo Pedro Calderón de la Barca. La actriz solía bailar al final de sus actuaciones una danza popular denominada ‘La Marizápalos’, y de ahí le viene este apodo.

Gabriel Belkherri García del Pozo, flauta de pico y tenor, Laia Blasco López, flauta de pico y soprano, y Lidia Rodríguez Royo, flauta de pico y clave forman este trío ambivalente que es Iberia Auri. El grupo interpreta la música antigua con unos patrones historicistas muy precisos en cuanto a la contención del vibrato, afinación ligeramente más grave, búsqueda del equilibrio polifónico, pero al mismo tiempo de cierta libertad en cuanto a las transcripciones. Esto lo hemos escuchado y sentido en un programa que aúna la música popular de los siglos XVI y XVII y la cortesana. En él confluyen corrientes italianas francesas e hispanas.

A lo largo de todo el concierto hubo un tono intimista, confidencial, muy cercano con el público. La sonoridad del trío es siempre muy homogénea, sin que destaque la voz de Laia Blasco sobre sus compañeros. Su voz es muy delicada, vocaliza muy bien, parece una voz hablada, y es algo limitada en emisión y potencia. Gabriel Belkherri, muy simpático cuando se dirigió al público, hace unos contrapuntos con la flauta que parecen casi improvisados y canta con una dicción también muy buena. Un concierto donde predomina la palabra bien dicha y ese tono intimista y de conversación cercana.