Crítica del concierto de Juan Pérez Floristán (piano)

Teatro Jovellanos, 3 de octubre de 2018

Por Mar Norlander

Crítica del Concierto de la Filarmónica Gijonesa.

En la interpretación de música clásica es muy difícil destacar porque en cada ciudad hay músicos buenos. Por lo tanto, sobrepasar los niveles más exigentes hasta poder llegar a figurar en un cartel con nombre propio sólo está al alcance de unos pocos. El pianista Juan Pérez Floristán inauguró la temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón en el Teatro Jovellanos interpretando tres obras de máxima dificultad y estilos dispares y demostró por qué puede actuar como solista.

Comenzó con “Música Ricercata” de Ligeti, una obra contemporánea en la que el compositor se impuso límites estrictos para explorar al máximo la capacidad compositiva, dentro del lenguaje tonal en la cultura húngara. La obra se divide en once piezas breves, comenzando por la primera con tan solo dos notas jugando con diferentes octavas, tempos e intensidades para exprimir al máximo las cualidades del sonido. En la siguiente pieza va añadiendo una nota más y así sucesivamente hasta llegar a la número once, una pieza de carácter contrapuntístico donde experimenta con toda la escala cromática. La creación es sublime por parte de Ligeti y la interpretación de Pérez Floristán magistral. Con una técnica impecable supo destacar el carácter expresivo de una partitura que tenía totalmente interiorizada. Sin duda, se merecía un gran aplauso, pero no dio lugar a ello porque Floristán decidió enlazar esta obra con la Sonata para piano nº 23 “Apassionata” de Beethoven, sin pausa. Sus tres movimientos se sucedieron sin titubeos, destacando la interpretación del segundo, un tema con variaciones en el que Pérez Floristán se sentía cómodo volando por encima de los arpegios a gran velocidad. Al finalizar la obra llegó el estruendoso  aplauso.

Tras la pausa escuchamos la interpretación de los diez “Cuadros de una exposición” de Musorgsky, una obra que musicaliza la forma en que vemos los cuadros de un museo, pasando de un cuadro a otro a través del “Promenade” (paseo) e inspirada en diez pinturas y dibujos de su amigo y pintor Viktor Hartmann. La obra es de gran dificultad por su carácter programático, representando diez “cuadros” diferentes entre sí. Por citar alguno, nada tiene que ver el primer cuadro “Gnomos”,  tétrico y misterioso, con el segundo más cantabile, “Il vechio castello”. También son bastante dispares “Tuileries”, que representa juegos de niños en un jardín o “La cabaña sobre patas de gallina” donde podemos escuchar a la malvada bruja Baga-Yaga triturar los huesos de los niños perdidos. Floristán demostró que conocía muy bien la obra y supo darle el carácter adecuado a cada cuadro. La ovación a su interpretación fue prolongada, hasta el punto de que se sintió con ganas de deleitarnos con la complicada danza número 3 de Ginastera.

Sin duda, pudimos escuchar a unos de los pianistas más brillantes del panorama español, avalado por el primer premio del Concurso Internacional de Piano de Santander “Paloma O’Shea” (2015). Merecido tiene este gran premio, entre otros, y muchos más que llegarán, porque con sólo veinticinco años demuestra una gran calidad técnica y una capacidad musical del más alto nivel.  Un gran comienzo para la nueva temporada de la Sociedad Filarmónica de Gijón.