Crítica del concierto “La vida breve”: Rafael Aguirre (guitarra) y Nadège Rochat (violonchelo). 

Teatro Jovellanos, 24 de enero de 2018

Por Mar Norlander

“La vida Breve”:Rafael Aguirre (guitarra) y Nadège Rochat (violonchelo). Sociedad Filarmónica de Gijón.  Teatro Jovellanos, 14 de febrero.

Un repertorio capaz de conjugar lo académico con lo popular, la dificultad con la espectacularidad y la brevedad con la intensidad es, sin duda, la mejor elección para convertir un concierto en éxito. Y no es tarea fácil. Esta era la propuesta del guitarrista Rafael Aguirre y la violonchelista Nadège Rochat, artífices del concierto titulado “La vida Breve”, que se estrena en España por primera vez después de haber sido representado con gran éxito en salas de prestigio internacional, como el Carnegie Hall de Nueva York, Gasteig en Munich o en el Konzerthaus de Viena, entre otros. La Sociedad Filarmónica de Gijón fue la encargada de vestir de gala el teatro Jovellanos en el día de San Valentín y traer esta propuesta, para deleite de un público con ganas de escuchar un repertorio que sentimos muy nuestro.

Para comenzar nada más apropiado que “Asturias”, primer gran éxito del compositor Isaac Albéniz.  Una obra que, salvo el título, no hace ninguna referencia a la tradición asturiana.  La dificultad que conlleva la interpretación con la guitarra, basada constantemente en el efecto del trémolo y las dinámicas contrastantes, no fueron valoradas como se debían por la falta de volumen en la sala. Quizás, un poco más de amplificación en la guitarra hubiera estado genial.

Los dos juntos interpretaron las siete canciones populares de Manuel de Falla, siete perlas que terminaron con “Polo”, de difícil ejecución y muy bien resuelta. Ya estábamos totalmente sumergidos en el exotismo español y llegó  “Oriental” de Granados, una obra exquisita que ha sabido captar la pureza de la danza española, como afirmaba el compositor Massenet elogiando a Granados.

Momento para lucimiento de Nadège Rochat a solas con su violonchelo Stradivarius, una preciosidad de instrumento construido como viola da gamba por Amati y reformado posteriormente por su discípulo Antoni Stradivari, hasta convertirlo en violonchelo. Un instrumento con una gran historia y una gran belleza, tanto estética como sonora.  Lo comprobamos con la “Danza finale” de Gaspar Cassadó, una de las favoritas del repertorio de los chelistas y “Requiebros”, otra composición de Cassadó de endiablada dificultad que pone a prueba todos los recursos virtuosísticos del chelo. Nadège la sorteó sin problemas.

La primera parte del concierto finalizó con “La vida Breve”, título del concierto en honor a la danza de Manuel de Falla que fue interpretada con precisión e intensidad, con un final muy complejo e impactante. Después del descanso calentaron con una pieza de Ravel, seguida de la quinta esencia de lo español: “Granada”, de Agustín Lara.  Parte del público tuvo que contener las ganas de entonar el estribillo final, desahogándose con algunos “bravos”. Merecidos, sin duda.

Rafael Aguirre interpretó dos obras de Tárrega:  la “Gran Jota” con su efecto del tamburo y “Recuerdos de la Alhambra”, caracterizada por la técnica del trémolo, con sus vertiginosos arpegios  y un ritmo percusivo con las cuerdas apagadas, simulando redobles de caja . De nuevo volvimos a notar que un poquito más de volumen hubiera sido ideal para captar todos los matices. .

Finalizó el espectáculo con uno de los tangos más conocidos, “Libertango” de Astor Piazzola, una obra muy original construida sobre un obstinato. La ovación fue agradecida con dos bises más: el popular tango “Volver”, que levantó grandes aplausos y una milonga titulada “Olvidar”, que terminó con un glissando en el arco muy pianissimo.  Una pieza delicada y de gran belleza, al igual que el resto del concierto. Sin duda, la Sociedad Filarmónica de Gijón está ofreciendo una de sus mejores temporadas y es de agradecer.