Gustavo Díaz-Jerez, piano  

Teatro Jovellanos, 8 de Marzo de 2017

Por Ramón Avello

Crítica del Concierto de la Filarmónica Gijonesa.
Albéniz introduce en el título de “Iberia” la palabra “impresiones”. “Doce nuevas impresiones en cuatro cuadernos”, subtitula esta obra, con lo que utiliza el término de “impresión”, que en la Francia de principios del siglo XX, cuando se compone esta pieza, dista mucho de ser neutral. Aunque el compositor renegó de adscripciones impresionistas, entre otras cosas porque “Iberia” es anterior a gran parte de la música de Debussy y de Ravel, autores que definen el estilo impresionista, es indudable que “Iberia” bebe y se impregna de una sonoridad moderna.
Además de las afinidades con el folklore español, especialmente el andaluz, y el virtuosismo romántico con raíces en Liszt, Albéniz se impregna de armonías y colores nuevos.
Precisamente, la magnífica versión que Gustavo Díaz- Jerez interpretó el miércoles en el Teatro Jovellanos, en Gijón, además de ese entusiasmo emocional característico de los grandes intérpretes, que es como una inyección de euforia en la sensibilidad del oyente, nos ofreció una versión que a mi me pareció delicada, limpia, y sobre todo original. ¿Cuál es la originalidad de la versión integral de “Iberia” de Díaz-Jerez, que hemos escuchado? Indudablemente, estamos ante una versión muy interiorizada, con cierta tendencia a retener, y alargar el tiempo, salvo en “Lavapiés” todo un estallido de colores verbeneros.
Pero el rasgo más característico es la recreación de una atmósfera impresionista. La asociación entre el uso del pedal con la melodía ralentizada en los finales de frases, y con la riqueza y contraste de matices crea esa envoltura sonora, -“Jerez”  fue el momento más extremo- que es una de las claves del “Iberia” que hemos escuchado.
Bellísimas versiones, interpretadas con sumo calor, belleza en el canto, sugerencia en los ritmos, enorme emoción comunicativa y riqueza de color que da una nueva luz a la “Iberia”, de Isaac Albéniz.