Alma Quartet 

Teatro Jovellanos, 29 de Marzo de 2017

Por Ramón Avello

Un buen cuarteto de cuerdas, además de parecerse, como decía Goethe, “a una conversación entre cuatro personas inteligentes” es la más clara expresión de ese principio estético de unidad en la variedad.  Al Alma Quartet, integrado por Marc Daniel van Biemen, (violín primero), Benjamin Peled (violín segundo) Jeroen Woudstra (viola y Nitzan Laster (cello) es, pese a lo reciente de su formación, uno de los grandes cuartetos europeos.  El miércoles, ofreció para la Sociedad Filarmónica de Gijón un extraordinario recital con obras de haydn, Schulhoff -interesante compositor checo judío del periodo de entreguerras, sobre el que este cuarteto holandés grabó la integral de sus cuartetos- y Brahms.  El sobretítulo de “Aurora” del “Cuarteto nº 4 de la Op. 76”, de Haydn, responde tal vez a los primeros compases de la obra, en los que el primer tema cantado por el violín se eleva suave y lentamente como el sol en un amanecer sobre el acorde de tónica.  Excepcional comienzo para una interpretación de absoluta referencia, caracterizada por un sentido del tiempo que evoluciona desde un estatismo casi intemporal, hasta el arrebato.  La segunda obra interpretada fue el “Cuarteto nº 0 en Sol Mayor”, una obra de juventud de Erwin Schulhoff.  Sobre una estructura muy clásica, Schulhoff abre la tonalidad y disecciona la armonía, anticipándose al expresionismo, pero manteniendo el carácter emocional postromántico.  Bellísima interpretación.  En la segunda parte llegó una versión densa, profunda, del “Cuarteto nº 1 en Do menor”, de Brahms.  El brillo y la intensidad penetrante del primer violín; la contención y el empaste del segundo con los otros instrumentos; el sentido expresivo de la viola y el rigor estructural del violonchelo fueron modelos de ese principio arriba aludido de “unidad en la variedad”.  Una de las mejores definiciones de la belleza.