Música y vida

Teatro Jovellanos, 17 de Abril de 2013

Por Ramón Avello

La clave de un buen cuarteto de cuerdas es integrar las cuatro voces individuales destacadas con una concepción unitaria de la obra. Esta fusión de lo uno y lo diverso es la marca del Cuarteto Janacek, viejos conocidos –es la cuarta vez que tocan– de la Filarmónica de Gijón. El cuarteto checo respira al mismo tiempo. Puede que en alguna ocasión un pizzicato que tenía que ser absolutamente simultáneo no suene a la vez y se quede ligeramente desplazado, pero eso no importa ante el acuerdo dialogante de sus versiones.
El concierto comenzó con un compositor poco conocido en España: Jan Novack. Su cuarteto “Cuadricium Fidium Primum” recuerda a la música expresionista del periodo de entreguerras del siglo, con ciertas características cinematográficas muy descriptivas. La otra obra de la segunda parte fue el denso y monumental “Cuarteto n.º3 en Mi bemol”, de Chaikosvky, decidado a la memoria de su amigo el violinista F. Laud, y que es todo un requiem para cuerdas. El tercer movimiento, con el primer violín tocando en sordina con fuerza, algo en principio contradictorio, pero que recrea un timbre onírico y religioso, fue de un patetismo extremado.
Bedrich Smetana compuso su cuarteto “De mi vida” con una intención autobiográfica en un momento en el que empezaba a percibir las molestias auditivas que le provocaron la sordera. El ambiente romántico del primer movimiento; el perfume nacionalista checo de la polka en el segundo movimiento; el denso canto de amor iniciado por el violonchelo del tiempo largo o el final, alegre pero en la que disuenan en el primer violín la nota mi semiaguda como un insoportable pitido en los oídos, son esas estampas biográficas. El cuarteto Janácet realizó, especialmente en el segundo y tercer movimiento, una versión de una singular belleza y emotividad. Una versión a flor de piel, que hace de la vida música.