La honda expresividad del Cuarteto Enesco

 
Teatro Jovellanos, 18 de Mayo de 2011

Por Ramón Avello

Aunque no tuvo ocasión de escuchar los grandes cuartetos del siglo XIX, el escritor alemán Goethe consideraba que la música de cámara y especialmente el cuarteto de cuerdas, “cuatro personas inteligentes que conversan” era la cima de la expresión musical. Efectivamente, en el cuarteto de cuerdas proyectan un mundo con infinidad de sutilezas, de detalles y sobre todo de sugerencias íntimas difíciles de alcanzar en otros géneros. Para ello solo se requiere dos cosas: la primera que el cuarteto sea, valga la expresión, una cuaternidad: cuatro personas distintas unidas en una única música verdadera. La segunda, que en el programa se aborde, sin ambages un repertorio excelso.

Estas dos cualidades las cumplió con creces el miércoles pasado en el teatro Jovellanos el Cuarteto Enesco, en el concierto de clausura de la temporada de conciertos de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Unidad de concepto y variedad complementaria en la ejecución individual. Densidad expresiva en el violonchelista Dorel Fordoreanu, sublime en la segunda variación del Adagio de “La Muerte y la Doncella”; empaste y precisión en el viola Wladimir Mendelssohn, contención emocional en el violín segundo Florin Szigeti y brillantez y fantasía en el violinista Constantin Bogdanas. Todo ello al servicio de la mejor música de cámara. En el programa, en primer lugar el cuarteto “Las quintas” llamado así por las dos quintas descendentes con las que comienza el primer tiempo y que inundan uno de los cuartetos de madurez de Haydn. En segundo lugar, el “Cuarteto N.º 11 en Fa menor”, denominado por el propio Beethoven “serio”, composición de transición hacia la radical expresividad de los últimos cuartetos. Y, finalmente, el Cuarteto “La muerte y la doncella”, de Schubert, la cima indudable del concierto.

El nombre de “La Muerte y la Doncella” de este cuarteto se debe a la melodía de un lied llamado así en la que la Muerte tranquiliza y calma a la Doncella. Ella es su amiga que le ofrece paz y descanso. Este tema se utiliza no sólo como tema central del Adagio, sino en las grandes versiones como esta del Cuarteto Enesco, como eje emocional sobre el que gravitan todos los movimientos. Variedad emocional, contrastes entre la tensión agitada y la paz serena, entre la violencia y la suavidad. Todo ello ensanchado por una polifonía riquísima, tiempos fluidos y dinámicas muy variadas que intensifican, en una versión memorable, la enorme expresividad de la obra.